14 junio 2013

Quiero ser como mi papá

Esta es una obra de teatro pensada especialmente para ser representada en el día del padre. Esperamos que sea de su agrado. No olvides leer otros guiones escritos por el mismo autor como "Esto es un asalto" y "Mi pequeña Nataly"



Título: Quiero ser como mi papá 
Autor: Fabián Choque 

Personajes
El papá 
El hijo 

Escenario: El cuarto del papá. (Se abre el telón y luego de unos momentos aparece en escena el hijo entrando silenciosamente y mirando a todos lados. Mira al público y le hace al público la señal de silencio)

El hijo: (Hablando en voz baja mirando al público) No hagan bulla (Se dirige a los pies de la cama y toma los zapatos de su papá. Va a su cajón y toma una de sus camisas. Finalmente, toma una de sus corbatas. Regresa a los pies de la cama y comienza a ponerse lo que sacó) Esto va a estar bueno (Termina de ponerse la ropa y se para) ¡Me queda perfecto! (Se mira mientras que se da una vuelta) ¡Ya estoy listo! (Coloca las manos en la cintura y pone una expresión seria) (Fingiendo una voz más gruesa) Yo voy a ser mi papá ahora (Lo comienza a remedar) ¡Las cosas deben estar en su lugar! (Camina hacia el otro extremo del escenario) ¡No dejes tus juguetes tirados en el suelo! (Corre con dificultad hacia el otro extremo) ¡No toques mis cosas, ponlas en su lugar! (Se coloca en medio del escenario) ¡Qué divertido es imitar a mi papá! (Se escuchan pasos) ¡Es mi papá! (Se va corriendo saliendo del escenario) 
El papá: (Entra algo apurado) ¡No puedo creerlo! ¡Es tardísimo! (Comienza a buscar su zapatos debajo de la cama) ¿¡Pero en dónde pueden estar mis zapatos!? (Los sigue buscando por todas partes) (Sale de escena) (Entra su hijo otra vez) 
El hijo: (Mira que no regrese su papá) Uff… casi me descubre (Se pone en posición para seguir actuando como su papá) Bueno ahora sí, a continuar con mi gran actuación (Estira sus brazos adelante a los costados) listo. ¡Querida, ya llegué a la casa! ¿¡Qué has preparado de comer!? (Continúa imitando a su papá. Luego, aparece a escena nuevamente su padre por detrás de él sin que su hijo se dé cuenta) (Continúa actuando) (El papá se acerca lenta y sigilosamente cruzando los brazos) 
El papá: (Acercando la cara a su oído) ¡Hola hijo! 
El hijo: (Sorprendido, voltea rápidamente) ¡¡¡Papá!!! (Titubeando) Este… yo… (Mira la ropa que se puso) ¡No es lo que crees! 
El papá: Entonces… (Camina alrededor de su hijo) ¿Qué es? 
El hijo: Lo que pasa es que… (Suspira y agacha la cabeza) quería ser un momento como tú. 
El papá: (Inclinándose, toma su hombro) ¿Cómo yo? (Le levanta la cara) 
El hijo: Sí, para cuando crezca. 
El papá: (Sonriendo) Para cuando crezcas, serás un maravilloso padre. 
El hijo: (Alzando un poco la voz) ¡Pues por eso mismo quiero ser como tú, papá! Porque tú eres ese maravilloso padre que yo tanto quiero ser. 
El papá: Ven acá, hijo (Lo abraza muy fuerte mientras derrama unas cuántas lágrimas). 
Fin

10 junio 2013

Los tres pelos de oro del diablo

Esta es una Obra de Teatro infantil aunque los personajes que requiere hagan parecer otra cosa, "Los tres pelos de oro del diablo" es un cuento de los famosos hermanos Grimm que fue adaptado a obra para niños de 6 años en adelante. Presentador, el Rey, la Princesa, Juan, el Guardia, la Bruja y el Diablo, un total de 7 personajes para representar.


(La escena está vacía. Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
Querido e ignorante público-y no es que os llame ignorantes, no- es que ignoráis la terrible historia que hoy se presentará ante vosotros y que nos llevará hasta el mismo infierno.
(Suena un trueno y el Presentador da un salto de puro susto).
PRESENTADOR.-
Todo comienza en un reino en el que gobierna un rey malvado e injusto.
(Entra el Rey).
REY.-
¿Yo malvado?, ven aquí que te voy a enseñar lo que es ser malo de verdad. ¡Ven aquí!
(El Presentador sale corriendo de escena y el Rey tras él).
(Vuelve a entrar el Presentador).
PRESENTADOR.-
El rey era malvado con su propia hija, que creía vivir en el mismo infierno.
(Suena trueno, para susto del Presentador).
REY.-
(Que entra).
¡Estás aquí, cucaracha rastrera!, ya te enviaré yo al infierno.
(Trueno, los dos personajes quedan inmóviles un instante).
REY.-
¡Ven aquí!
(De nuevo, el Presentador sale corriendo de escena y el Rey tras él).
(Entran la Princesa y Juan, cogidos de la mano).
PRINCESA.-
Juan, hoy mismo le diré a mi padre el rey que queremos casarnos.
JUAN.-
A ver qué dice cuando se entere de que no te vas a casar con un príncipe.
PRINCESA.-
No creo que vaya a enfadarse por eso…
REY.-
(Que entra).
¡Traición!, ¿qué brujería has usado con mi hija para que quiera casarse con un plebeyo cualquiera, un cara de sapo, un cobarde que no tiene dónde caerse ni vivo ni muerto?
PRINCESA.-
¿Papá…?
REY.-
Tu no digas nada. Ya hablaremos en el castillo. ¿Y tú qué dices alcornoque con orejas?
JUAN.-
Su hija y yo nos queremos.
REY.-
Y yo quiero más oro y ahora estoy hablando con un mameluco como tú.
JUAN.-
Haré lo que sea con tal de poder casarme con su hija.
PRESENTADOR.-
(Que asoma por un extremo del escenario).
Esto se va a poner feo.
(Sale).
REY.-
¿Lo que sea?, eso me gusta.
(Ríe).
Necesito oro. Añoro más oro.
(Ríe).
¿Lo que sea, eh? Bien, sólo te casarás con mi hija si me traes tres pelos de oro del mismo diablo y un saquito de oro para pagar los gastos de la boda.
PRINCESA.-
¡Papá!
REY.-
Silencio, hija; que estamos hablando entre hombres. ¿Qué dices, patata famélica?, ¿te falta valor, verdad?
JUAN.-
Para conseguir esos tres pelos, tendría que ir hasta la casa del diablo.
REY.-
Si, jovenzuelo; tendrás que ir hasta el mismísimo infierno.
(Suena un trueno).
(Juan y Princesa dan un salto en el sitio. El Rey ni se inmuta).
REY.-
Cuántas veces le habré dicho a tu madre que no pruebe las judías para desayunar. Vamos hija, este ratoncito tiene miedo.
JUAN.-
Iré hasta la casa del diablo y le traeré tres pelos de oro.
REY.-
Y un saco de oro.
PRINCESA.-
¡Papá!
REY.-
Hija, pareces una charanga de música; todo el día con el papá, papá, tararí, papá…
(Suena una charanga de música).
¡Silencio!
(Se detiene la música).
Pues ni una palabra digamos de más. Y dale recuerdos al diablo cuando le veas. ¡Vamos, hija!
PRINCESA.-
Me gustaría despedirme de él.
REY.-
Cuando regrese de su viaje ya le dirás lo que quieras.
JUAN.-
Cuando regrese de mi viaje te querré aún más.
(El Rey coge a su hija de la mano y sale a rastras con ella, que hasta que sale no deja de mirar a Juan y éste a ella; ¡así es el amor!).
JUAN.-
Y ahora hasta la casa del mismísimo diablo. ¡Menudo día!
(Sale Juan. Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
Nuestro amigo Juan caminó durante varios días. Su misión era ya de todos conocida, pues ya se sabe que la mala suerte de los demás corre de boca a oreja, aún más rápido que el viento.
Tanto caminó que llegó a la frontera del país vecino…
GUARDIA.-
(En off).
Tanto hablar, tanto hablar… Podrías ayudarme con la barrera.
PRESENTADOR.-
Bueno, bueno; voy.
(Sale el Presentador y al poco entra con el Guardia y juntos arrastran una barrera roja y blanca, en la que puede leerse un cartel que pone “frontera”).
GUARDIA.-
Es que me obligan a llevármela a casa cuando termino el turno, para que nadie la robe.
PRESENTADOR.-
Juan está a punto de llegar. Me voy.
GUARDIA.-
Y yo me quedo.
(Sale el Presentador).
(Entra Juan).
GUARDIA.-
(Tose para aclararse la voz).
¡Alto!, nadie puede entrar al País del Diablo.
JUAN.-
Es que debo pasar.
GUARDIA.-
¡Qué fastidio!, y yo no te puedo dejar pasar; ¿qué hacemos?
JUAN.-
Yo paso y usted no mira.
GUARDIA.-
Sólo si resuelves un problema: dime por qué la fuente de la plaza de mi pueblo, de la que antes manaba vino, ahora no da ni agua.
JUAN.-
Cuando regrese de mi viaje te daré la respuesta.
GUARDIA.-
De acuerdo, pero espera a que mire hacia otro lado.
(El Guardia deja de mirar a Juan y observa la lejanía).
Pasa ya, antes de que te vea.
(Juan levanta la barrera, pasa por ella y sale de escena).
(En cuanto sale Juan, el Guardia se pone a arrastrar la barrera para sacarla de escena. Entra el Presentador y lo ayuda).
PRESENTADOR.-
Más rápido, que Juan está a punto de llegar a la casa del diablo.
GUARDIA.-
Malo, eso está en el Valle del Infierno.
(Suena un trueno).
¡Mal asunto, ya te lo digo yo!
(Salen ambos con la barrera).
(Entra una Bruja que arrastra dos sillas y mientras habla las coloca en escena).
BRUJA.-
Una bruja de mi categoría sirviendo a un demonio del tres al cuarto.
(Sale y entra arrastrando una mesa con un mantel que llega hasta el suelo).
Mi talento desperdiciado por este diablo que me esclaviza.
(Tocan a la puerta).
Adelante, narices de sapo, ¡que no soy la portera!
(Entra Juan).
JUAN.-
Buenas, ¿está el diablo?
BRUJA.-
¿Y para que demonios lo buscas?
JUAN.-
Debo arrancarle tres pelos de oro y llevarme un saco también de oro.
BRUJA.-
¿Y para qué rábanos quieres los tres pelos?, con el saco de oro te sobra y te basta.
JUAN.-
Lo hago para poder casarme.
BRUJA.-
Otros le arrancarían los pelos al diablo para no casarse… ¡Vaya, una princesa afortunada!
JUAN.-
¿Cómo sabe que amo a una princesa?
BRUJA.-
¿Estás ciego, o qué?; soy una bruja; ¡y de las mejores!
DIABLO.-
(En off).
Bruja tontaina, ¿dónde te metes?
BRUJA.-
Te ayudaré. Estoy harta de este demonio. Escóndete debajo de la mesa y procura que no te vea.
(Juan se esconde debajo de la mesa y al momento asoma la cabeza).
JUAN.-
Ya que estamos, ¿por qué no le pregunta por qué la fuente de la plaza de un pueblo, de la que antes manaba vino, ahora no da ni agua?
BRUJA.-
Esa tontería la se yo. Ya te contaré luego. Ahora escóndete.
(Juan se esconde debajo de la mesa. Entra el Diablo, su cabello es del color del oro).
DIABLO.-
Tienes que darme un masaje en la cabeza. ¡Vengo endemoniado!
BRUJA.-
Pon tu cabezón sobre la mesa y te daré un masaje que te hará sentirte como un ángel.
DIABLO.-
Caído.
(Pone el Diablo la cabeza sobre la mesa).
BRUJA.-
Si hijo, caído; la vida es complicada.
(La Bruja comienza a masajear la cabeza del demonio, hasta que éste comienza a roncar. En ese momento, de un tirón le arranca tres pelos que ella guarda en uno de sus bolsillos).
DIABLO.-
(Medio dormido).
Ten cuidado, bruja maldita.
BRUJA.-
Duerme y ronca; que es lo único que sabes hacer bien.
(Los ronquidos del Diablo resuenan por todo el lugar).
Jovenzuelo, sal ya, antes de que despierte y te coma.
(Juan sale de debajo de la mesa).
BRUJA.-
(Saca los tres pelos de oro de su bolsillo y se los da a Juan, que se los guarda en sus ropas).
Aquí tienes los tres pelos.
JUAN.-
Es usted muy amable.
BRUJA.-
De eso nada, soy una bruja; sólo te ayudo para fastidiar a éste.
(Conjurando).
Oro, estoy segura; oro, y no basura.
(Aparece por arte de magia un saco de oro).
Y la respuesta a tu pregunta es sencilla: debajo de la fuente habita un sapo, que lo saquen de allí, luego alguna doncella medio cegata que le de un beso y de la fuente volverá a manar vino.
JUAN.-
Gracias.
BRUJA.-
De nata. Y vete antes de que me arrepienta, te convierta en chocolate y te coma cuando esté deprimida.
(Juan coge el saco de oro y sale del lugar).
(La Bruja coge las dos sillas y sale de escena con ellas. Vuelve a entrar y agarra la mesa y la arrastra, llevándosela; el Diablo cae al suelo y mientras se retuerce para levantarse, la Bruja sale con la mesa).
DIABLO.-
¡Eres una bruja!, menudo batacazo me he dado.
BRUJA.-
(En off).
Claro que soy una bruja, ¿qué quieres que sea, la princesita del cuento?; ven aquí, que te estoy calentando la sopa de rata que tanto te gusta.
DIABLO.-
(Mientras sale).
Eres una maldita bruja.
BRUJA.-
(En off).
¿Y qué harías tu sin mí?, dime. Además, cada día estás más calvo.
(Sale el Diablo).
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
Juan resolvió el problema del Guardia y su fuente, y regresó junto a la Princesa. Fueron felices mientras procuraban que nadie les tocara las narices.
Hasta el rey fue feliz, pues una noche, cogió el saco de oro, desapareció del palacio y nunca más se le volvió a ver. Dicen que escapó con una bruja.
Deseo que este cuentito os sirva para ser mejores, o al menos para no ser aún peores.
Adiós, que si espero, me desespero.
(Sale el Presentador).

03 junio 2013

Encuentros de Gangsters

Una nueva obra de teatro de un conocido ya del sitio, hablamos de Ignacio Perez Jimenez autor de otros grandes trabajos ya publicados como "Elina y la torre" y "Conversación con un fantasma" que fueron muy bien recibidas por nuestros lectores y son de las más comentadas.
Volvemos a recordarles que pueden acercas sus obras para compartirlas con toda la comunidad tanto aqui como en nuestra pagina de Facebook y demás redes sociales.


Titulo: Encuentros de Gangsters
Autor: Ignacio Perez Jimenez

Un hombre vestido de gánster está sentado detrás de una mesa en su despacho. Se abre una puerta y aparece otro hombre con un aspecto similar. Se queda detrás de la puerta. El primero se llama William y el segundo Albert.

William: ¿Por qué se queda ahí? ¿Acaso alguien le está siguiendo?

Albert: Eso mismo me preocupa a mí. He estado atento a mí alrededor todo el tiempo pero cuando subía los escalones de este piso tuve la sensación de que alguien me seguía. Alguien muy rápido, muy fugaz.

William: Ah, en tal caso debe de tratarse de Peter, nuestro gato. Siempre está rondando por las escaleras. Me creía que alguien le había seguido desde la calle. Tranquilícese y tome asiento. Siéntase en su casa.

Albert se acerca y se sienta en la mesa frente a William.

William: Supongo que habrá llegado hasta nosotros gracias a algunas fuentes ocultas.

Albert: Por supuesto.

William: Se habrá dado cuenta que son fuentes muy cautelosas. Ningún policía puede descubrirnos. Me complace formar parte de una organización tan preparada. Por cierto, le advertiré ya de primera que si es usted  un policía camuflado los va a pasar muy mal. Es una simple advertencia.

Albert: Tenga por seguro que no. Llevo dedicándome a la vida delictiva prácticamente desde que tenía cinco años. He estado ocho veces en la cárcel por razones muy distintas. Y ahora que he cumplido 68 años quiero volver a la vida delictiva. Me aburría mucho en casa.

William: Sabe, por mucho que lo veo, no le reconozco formando parte de ninguna operación y teniendo en cuenta que esta ciudad es pequeña y está llena de gánsteres, me parece raro. ¿En qué operaciones ha trabajado?

Albert: Muchas, un montón, más de las que pueda recordar. He trabajado en el Gran Asalto al Banco de 1923, en mis inicios, hace ya algunos años. Yo fui uno de los componentes más activos. No solo diseñe el plan con los otros sino que fui el que apunto al encargado de la caja fuerte. La prensa hizo muy popular aquella operación y estoy orgulloso de haber participado en ella. También he cometido otro tipo de delitos más menores. He desvalijado casas enteras, como la mansión de esos ricachuelos llamados Temperton. Si viera las riquezas que guardaban. Menudos cajones. Había unas joyas y unas esmeraldas impresionantes.

William: Tiene un historial muy profesional. Realmente es usted una persona muy apropiada para formar parte de la organización. Pero me sigue pareciendo una persona de desconfianza. Hágame un favor. Haga como que ha entrado en una tienda y está amenazando a alguien.

Albert: ¿Realmente es necesario? Se me da mal la interpretación.

William: Por supuesto. No me hace falta tener a un actor en nuestra filas pero si a un delincuente autentico. Qué diablos, intérprete una vez. Y a debe de estar acostumbrado a estos tipos de papeles.

Albert: Pero no le aseguro que lo haga bien.( Adopta la postura) ¡Hey, deme todo el dinero  o lleno todos los envases y recipientes con miles de agujeros por donde caerá la mercancía¡! No es una simple advertencia. Voy muy en serio ¡

William: Ha estado usted sensacional. Se ganaría el respeto del público. Ni Vivian Lehigh lo haría mucho mejor. Pero sigo teniendo mis dudas. Hagamos una cosa. (Abre un cajón y extrae una botella llena de un líquido azul). Esto que tengo en las manos contiene un compuesto químico que hace palidecer al que miente. Si usted se lo toma y no palidece, como creo que le pasara, le aseguro que le invitare a tomar un trago de una bebida más normal en cualquier bar del distrito. Por aquí sirven muy buen whisky. Una autentica delicia, se lo aseguro. Quizás por eso nos hemos afincado aquí. Pero antes pruebe.

Albert: No creo que sean necesarios. Me produce vómitos beber antes de comer. Puedo ponerle la alfombra perdida de manchas. Y eso sería una pena para una habitación tan bonita.

William: A mí me parece sombría. ¿No ha visto esas cortinas tan pesadas? Toda la decoración es antigua y desastrosa. ¡Beba¡

Albert: Es que mi médico me ha recomendado que antes de las 5…conciénciese de que mi salud…

William: ¡Me da igual el pronóstico de su maldito doctor Graham, como si le hayan diagnosticado una apendicitis …!Beba¡

Albert: No podríamos dejarlo para después. Le aseguro…

William: Beba o no tendré ningún miramiento en dispararle ahora. No me pienso las cosas más de una vez. Francamente pienso que dudar es una pérdida de tiempo y no es compatible con mi carácter. ¡Beba¡

Albert coge la botella y se lo toma. Empieza a agitarse, a tensar los músculos, se pone de un color verde y al final se desploma inconsciente sobre el suelo.

William se levanta de la mesa y se dirige a la puerta.

William: Y pensar que compre este líquido en una tienducha del centro por un dólar. A un pobre anciano miserable. De cuánta ayuda me está sirviendo. ¡Peter, gatito, te voy a dar tu comida, es la hora¡ Por supuesto a ti no te pondré bajo ninguna prueba, te quiero demasiado y sé que eres de mi perfecta confianza.¡ ¡Peter …

30 mayo 2013

Mi pequeña Nataly

Esta es una obra de teatro corta escrita por Fabián Choque (biografía), quien ha colaborado antes en el sitio con textos como "Esto es un asalto" y "El amor no basta". Si piensas usar alguna de las obras del sitio para representar no olvides tomar fotos o video y compartirlo en nuestra página de facebook. Nos encantaría verlo.



Título: Mi pequeña Nataly 
Autor: Fabián Choque

Personajes
El narrador 
La hija 
El padre 
El anciano 
El hada

Escenario: El cuarto de un joven.

(Aparece el narrador, se sienta en su escritorio, abre su cuaderno y comienza a escribir)

El narrador: (Piensa por un momento con el lápiz en la boca)…Mmm ¡Lo tengo! (Comienza a escribir) Érase una vez, había una chica llamada Natalie. (Aparece Nataly mientras habla) Ella era una muchacha bonita, (Modela como niña) dulce, gentil y amable (Nataly camina) De repente, aparece un hombre, era su papá quién viene a hablar con ella, le dijo... 
El padre: ¡Natalie! (La abraza mientras sonríe) 
Natalie: ¡Papá! (Se separan) 
El padre: (Sin soltarla de los brazos) ¡Te dije que no vaya demasiado lejos! 
Natalie: ¡Lo sé papá, pero me gustaría ir (Extiende los brazos y mira hacia arriba mientras sonríe) a conocer todo el mundo! 
El padre: ¡Pero recuerda que en el mundo hay muchos peligros! 
Natalie: Lo sé, papá. 
El padre: Por lo tanto, no puedes alejarte de mí, ¿Está bien? 
Natalie: (Con mirada cabizbaja) Está bien. 
El narrador: Luego, se vuelven a abrazar (Abraza a su padre) Después de eso, él se va seguro que su hija ha entendido el mensaje. (El narrador piensa durante unos segundos) Después de eso, Nataly siguió jugando. De repente apareció un anciano con un bastón, la vio y se le acercó. 
El anciano: Perdone, niña. 
Natalie: (Se da la vuelta rápidamente) ¡Sí, señor! 
El anciano: Lo siento, pero... ¿Me podrías ayudar a encontrar esta dirección? (Le muestra una hoja de papel) 
Natalie: Ok... (Lee el papel) ¡Este lugar está cerca de aquí! (Le señala la dirección) 
El anciano: ¿Puedes llevarme allí? 
Natalie: (Sonríe) Lo siento, pero mi papá me dijo que me quedara aquí. 
El anciano: ¡Por favor! Será rápido. 
Narrador: (Nataly le vio por un momento) (Responde con voz dudosa) Ok, señor vamos. 
El anciano: ¡Oh, muchas gracias! (La abraza mientras pone una expresión de maldad) 
Narrador: Ella los acompañó sin saber que el viejo no era la que pensaba (Salen de escena) Varios minutos después, aparece su padre muy preocupado de encontrar a su hija. 
El padre: (Grita mirando a todos lados) ¡Nataly! ¡Nataly! 
Narrador: Pero no la llega a encontrar. Triste, sale a buscarla por todas los partes (Sale del escenario) Varias horas más tarde, aparece Nataly llorando muy asustada. 
Natalie: ¿¡Dónde estoy? ¡Me he perdido! (Mira hacia arriba) ¡¡¡Que alguien me ayude!!! 
Narrador: De repente, aparece un hada dispuesto a ayudarla. Entra dando vueltas y saltando como bailarina de ballet. 
El hada: (Acariciando sus cabellos) Hola Nataly. 
Natalie: (Sorprendido) Pero, ¿¡Quién eres tú? 
El hada: (Extiende sus brazos y da una vuelta entera) Yo… soy un hada; estoy aquí porque quiero.
Natalie: (Muestra una gran sonrisa) ¿¡En serio!? 
El hada: Así es (Acaricia su s mejillas). Sin embargo, no deberías escuchar a extraños, es muy peligroso.
Natalie: Sí (baja la cabeza) aprendí la lección. 
El hada: Mmm… Ok, ¿Qué deseas? 
Natalie: Quiero estar con mi papá. 
El hada: Muy bien (levanta su varita) ¡Qué se cumpla tu deseo! (Coloca su varita encima de la cabeza de Nataly) 
Narrador: En ese momento, alguien comienza a gritar su nombre. 
El padre: ¡Natalie! ¡Natalie! 
Natalie: (Mira al hada) ¡Es él! 
El hada: Sí, ¡Anda! 
Narrador: Mientras Natalie va con su papá, el hada se retira. Natalie ve a su papá y lo abraza. 
El padre: ¡Natalie! ¿¡Pero, ¿dónde has estado!? 
Natalie: ¡Lo siento papá! No debí desobedecerte, te prometo que nunca más lo haré. 
El padre: No te preocupes, hija. Lo importante es que estás bien (La abraza) 
Natalie: (Para sí misma) Gracias de hada, muchas gracias. 
Narrador: Desde ese día, Nataly aprendió una gran lección, que nunca se debe hacer caso a los extraños.
Fin

21 mayo 2013

Entre Rejas

Hoy les traigo la segunda obra de teatro de Francisco Compañ Bombardó, autor de Me estresas, la cual presenta una escena típica donde un policía interroga a un acusado, lo bueno de este material que nos acerco Francisco es que si bien hoy les publico una de esas obras, al final del articulo encontraran un link de descarga con el material completo que incluye 11 diferentes situaciones siempre planteadas en este ámbito y con estos dos personajes dentro de una sala de interrogatorio.


OBRA DE TEATRO: Entre Rejas

PERSONAJES: (Por orden de intervención.)
POLICÍA
HOMBRE

La escena está compuesta por una mesa y dos sillas, simulando una sala de interrogatorio de la policía.
En la escena se encuentra sentado un hombre. Aparece un policía de paisano.

POLICÍA.- Se ha metido en un buen lío, amigo.

HOMBRE.- ¿Por qué dice usted eso?

POLICÍA.- Porque le hemos trincado con las manos en la masa.

HOMBRE.- ¿Y cómo quiere pillarme? Si soy pastelero.

POLICÍA.- Sí. Pero le hemos pillado con el pastel. ¡No lo niegue!

HOMBRE.- No se lo niego. Era un encargo.

POLICÍA.- ¡Ajá! O sea, que era consciente de lo que estaba haciendo.

HOMBRE.- Por supuesto. Soy un profesional. Llevo quince años ejerciendo.

POLICÍA.- ¿Nunca ha estado entre rejas?

HOMBRE.- Porque soy pastelero.

POLICÍA.- Sí. Eso me ha quedado claro. ¿Y qué hace usted en sus ratos libres?

HOMBRE.- Hago figuras con los tapones de las botellas.

POLICÍA.- ¡No me cambie de tema! ¿Sabe por qué está aquí?

HOMBRE.- ¿Por qué?

POLICÍA.- Eso me lo tiene que responder usted a mí.

HOMBRE.- Me lo tendrá que decir usted, que es quien me ha traído.

POLICÍA.- ¿Quién le hizo el encargo?

HOMBRE.- No puedo revelar mis fuentes.

POLICÍA.- ¿De qué fuentes me habla? Aquí el que tiene fuentes soy yo.

HOMBRE.- Yo tengo una de chocolate. Es tipo fondue. ¿Las suyas cómo son?

POLICÍA.- Son de carne y hueso. Y son las que me han llevado a usted. ¡Y no me cabree!

HOMBRE.- Tranquilícese. Si quiere vuelvo más tarde. (Hace ademán de levantarse.)

POLICÍA.- ¡Siéntese! De aquí no se va hasta que yo descubra quién le manda.

HOMBRE.- No me ha mandado nadie. Me ha traído usted. ¿Recuerda?

POLICÍA.- Bien… Podemos hacer esto eterno, o podemos terminar rápido. Usted decide.

HOMBRE.- Prefiero rápido. Tengo muchos encargos aún.

POLICÍA.- Y me lo dice en la cara. Se le va a caer el pelo.

HOMBRE.- Eso dice mi peluquero. Debe ser del estrés.

POLICÍA.- ¡Debe ser de las leches que le voy a dar!

HOMBRE.- Me vendrían muy bien. Entre los huevos y la leche, a la hora de hacer pasteles se me va un pico.

POLICÍA.- Dígame, ¿quién es el que le pide los encargos?

HOMBRE.- Mis clientes.

POLICÍA.- Así que son varios, ¿eh?

HOMBRE.- Cuantos más, mejor. Está la cosa como para desechar clientes.

POLICÍA.- Es usted un sicario.

HOMBRE.- No sé lo que es eso.

POLICÍA.- No disimule conmigo. Que yo sé por qué le he traído.

HOMBRE.- Menos mal. Pues dígame, ¿por qué?

POLICÍA.- No, no, no. ¿Usted piensa que soy tonto? Es usted quien me tiene que decir por qué está aquí.

HOMBRE.- Es que no lo sé. ¿Por hacer pasteles?

POLICÍA.- Por hacer pasteles no traemos a nadie.

HOMBRE.- ¿Entonces?

POLICÍA.- Apúnteme aquí la dirección y los nombres de sus clientes.

HOMBRE.- No los recuerdo a todos. A algunos los veo una vez al año.

POLICÍA.- ¡Escriba algo, coño!

HOMBRE.- Está bien… (Coge el bolígrafo y comienza a escribir. Cuando termina se lo entrega al policía.)

POLICÍA.- (Observando el papel.) ¿Qué es esto?

HOMBRE.- Una receta de un pastel de chocolate. A sus hijos les encantará.

POLICÍA.- (Arrugando y tirando el papel. Desesperado.) ¡Cómo sabe que tengo hijos! ¡Quién es usted! ¡Qué sabe de mí!

HOMBRE.- No puedo decírselo. Ya se lo he dicho.

POLICÍA.- ¡No me ha dicho nada! ¡Hábleme! ¿Quién le encarga los pasteles?

HOMBRE.- Es secreto profesional. Lo siento.

POLICÍA.- (Arrodillándose. Suplicando.) ¿Por qué no me lo dice? ¿Qué le cuesta?

HOMBRE.- No insista, señor Feliú. Todos los años por estas fechas me hace usted lo mismo. Me saca de mi obrador y me trae a su trabajo.

POLICÍA.- (Suplicando.) Por favor…

HOMBRE.- (Levantándose.) No le voy a decir nada de sabores. Lo único que puedo decirle es que le gustará la tarta, y que su fiesta de cumpleaños será un éxito. (Hace mutis.)

09 mayo 2013

Me estresas

Hoy les dejo la primer obra de teatro de Francisco Compañ Bombardó que publicaremos en el sitio, la misma es una comedia en la que participa una joven pareja, espero la disfruten y comenten. Es una obra en tono de comedia que aunque parezca más larga que otras son textos en su mayoría cortos que aceleran la reproducción de la misma.



Titulo: Me estresas
Personajes:

  • Chico: Este personaje es muy tranquilo. Aparenta siempre controlar la situación. Viste de sport.
  • Chica: Este personaje es acelerado y hablador. Viste a la moda y de manera elegante

ACTO ÚNICO
Al levantarse el telón la escena representa el salón de una casa de clase media. El CHICO está sentado en el sofá leyendo un libro. La CHICA aparece cargada con unas diez bolsas, pues viene de las rebajas.

COMIENZA LA ACCIÓN

CHICO.- (Al ver aparecer a su mujer cargada de bolsas.) ¿Has encontrado lo que querías?
CHICA.- (Acelerada) Cariño, ¿te parece a ti que haya encontrado lo que quería? (Mostrando las bolsas.)
El CHICO sonríe cómplice, y vuelve a centrar su vista en el libro.
CHICA.- Pues no. No lo he encontrado.
CHICO.- Vaya… ¿Pero tú has mirado bien?
CHICA.- ¿Me estás diciendo que no he mirado bien? ¿Me estás queriendo decir que no sé buscar la prenda que yo quiero?
CHICO.- No, no… Lo decía porque con el alboroto de gente… Pues tal vez no te hayas fijado.
CHICA.- O sea, lo que quieres decir es que yo voy como una loca por los sitios. Sin fijarme ni nada.
CHICO.- No he querido decir eso, cielo.
CHICA.- Yo lo he escuchado. ¿O también vas ahora a decir que no te escucho? Porque es lo que me faltaba.
CHICO.- Simplemente hay días en que uno está más despistado que otros. Es algo normal.
CHICA.- Será normal para ti. Que siempre estás despistado. Y con esa calma… ¡¡Qué parece que no tienes sangre, hijo!!
CHICO.- Es que hoy es sábado y estoy relajado.
CHICA.- Para ti siempre es sábado. Y cuando no es sábado es domingo.
CHICO.- También tengo mis días malos.
CHICA.- ¡¡Já!! Permíteme que me ría. Yo sí tengo días malos. Cada veintiocho días. Y no sé aún a qué huelen las nubes. La regla duele, ¿sabes?
CHICO.- Sí. Lo sé. Me lo dices todos los meses.
CHICA.- ¿Te molesta que te lo diga? Ahora ya no le puedo decir a mi marido que me duele cuando me viene. Vamos, que tendré que sufrir en silencio. ¡¡Esto es el colmo!!
CHICO.- No he querido decir eso. Tú lo sabes.
CHICA.- ¿Vas a decir que interpreto mal tus palabras? Siempre decías que con una mirada me entendías; y ahora dices que interpreto mal tus palabras.
CHICO.- Ay cielo. Anda cuéntame, ¿qué te has comprado en las rebajas?
CHICA.- ¿Por qué piensas que todo me lo he comprado para mi? ¿No se te pasa por la cabeza que también he podido pensar en ti?
CHICO.- (Contento.) ¿Ah si?
CHICA.- Pues no. No había nada para ti.
CHICO.- ¿Pero lo has buscado?
CHICA.- ¿Tu crees, cariño, que teniendo solamente todo un sábado por la tarde para comprar puedo acordarme de tus gustos? No hijo. Eso es ser muy egoísta por tu parte.
CHICO.- Pues enséñame algo. Que aún no me has enseñado nada.
CHICA.- Es que no me dejas. No paras de hablar. Y yo lo único que hago es escucharte. Y cada vez que intento decir algo… ¡¡Otra vez!! Vuelves a hablar. Yo entiendo que lleves todo el día solo y que necesites hablar con alguien. Pero estás solo porque tú has querido, porque podía haber venido conmigo.
CHICO.- ¿A las rebajas?
CHICA.- ¿A dónde piensas que he ido?
CHICO.- A las rebajas.
CHICA.- Entonces para qué me haces esa pregunta.
CHICO.- ¿Qué pregunta?
CHICA.- La de si he ido a las rebajas.
CHICO.- No recuerdo que te haya preguntado eso.
CHICA.- ¿Me quieres volver loca? ¿Me quieres hacer luz de gas?
CHICO.- Es que yo sé que tú has ido a las rebajas.
CHICA.- ¿Y por qué lo sabes? ¿Es que me has seguido? ¿Qué pasa? ¿No te fías de mí?
CHICO.- Pero, cielo, si tu me has dicho esta mañana que ibas a las rebajas.
CHICA.- También te digo a veces que duele la cabeza y tú dale que te pego; que si quieres arroz Catalina.
CHICO.- Es distinto…
CHICA.- Ah, es distinto… Cuando a ti te da la gana me crees y cuando a ti te da la gana no me crees. Esto no funciona así, cariño. Veo que hay ocasiones en las que dudas de mí.
CHICO.- ¿Yo?
CHICA.- No. Tú no. Perico el de los palotes.
CHICO.- No lo entiendo.
CHICA.- El qué no entiendes.
CHICO.- Que aún no me hayas enseñado nada.
CHICA.- Cuatro años de casados y me dices que no te he enseñado nada. Di más bien que tú no has querido aprender nada.
CHICO.- Me refería a… (No le deja terminar la frase…)
CHICA.- A nada. Para que tú aprendas algo tiene que venir escrito en esos libros que lees. Hay más mundo fuera, ¿sabes?
CHICO.- Lo sé. Voy a trabajar todos los días.
CHICA.- Lo dices como si tú fueses el único que trabajases. No te tienes que poner tan machito; que yo también traigo un sueldo a casa.
CHICO.- Ya sé que no soy el único. Que tu también…
CHICA.- Que yo también ¿qué? ¿Me estás llamando machito? ¿No te parezco femenina? ¿No te gusto? Si es eso dímelo, ¿eh?
CHICO.- Que no es eso, reina.
CHICA.- Entonces ¿qué es? Porque, vamos, me has dicho que soy un tío en toda mi cara.
CHICO.- Yo no te he dicho eso.
CHICA.- Otra vez.
CHICO.- Otra vez, qué.
CHICA.- Otra vez me quieres volver loca. Con lo contenta que he venido de las rebajas. Y llego a casa y tú sólo quieres discutir.
CHICO.- ¿Yo?
CHICA.- (Mirándolo fijamente.) Perico el de los palotes otra vez.
CHICO.- Pues chica, enfádate con ese tal Perico.
CHICA.- Encima burlas. Es que te lo tomas todo a pitorreo.
CHICO.- (Levantándose.) Anda, cielo, ¿por qué no me das un abracito?
CHICA.- Con eso crees que se arregla todo. Qué equivocado estás. El abracito es la consecuencia de algo; no la solución a un problema.
CHICO.- ¿Qué problema?
CHICA.- ¿No te das cuenta que tenemos un claro problema de falta de comunicación?
CHICO.- Bueno, tú hablas y yo escucho. ¿Cuál es el problema?
CHICA.- ¿El problema? El problema es que me acabas de llamar cotorra.
CHICO.- (Volviéndose a sentar y cogiendo el libro.) No, no… Yo no te he llamado cotorra.
CHICA.- Con todas sus letras.
CHICO.- Cielo, te aseguro que yo no te he querido llamar cotorra.
CHICA.- Pero lo has hecho.
CHICO.- Habrá sido sin darme cuenta.
CHICA.- Desde luego, tienes salidas para todo. Siempre haces las cosas sin darte cuenta. Lo de la taza del váter, ¿también es sin darte cuenta?
CHICO.- Bueno, yo…
CHICA.- “Bueno yo” ¡¡No cariño!! Que los calcetines se guardan de dos en dos. Y que las camisas cuando llegas a casa no se tienen que convertir en amasijos de tela necesariamente. Y que los zapatos no se limpian solos… Que no soy tu madre para ir detrás tuya limpiando por donde pasas.
CHICO.- Ya lo sé, mi amor.
CHICA.- Ya lo sabes, pero te gustaría ¿verdad? (Mirándolo.) Y no pongas esa cara de cómplice. Yo sé que te gustaría. ¿Pero sabes por qué me prefieres a mí?
CHICO.- Yo no he dicho que te prefiera a ti.
CHICA.- ¡¡Qué!! ¡¡Cómo!! Mira… (Poniéndose muy dramática.) Estás consiguiendo hacer de este sábado el más triste de todos.
CHICO.- (Levantándose y dirigiéndose hacia ella para abrazarla.) Ay, mi niña.
CHICA.- (Evitándolo.) No me toques.
CHICO.- Pero si no te toco cómo quieres que te de mimos.
CHICA.- Ahora mimos. Hace un momento no querías saber nada de mí y ahora me quieres dar mimos.
CHICO.- Yo no he querido saber de ti.
CHICA.- Y tienes la cara de confirmármelo.
CHICO.- (Dándose cuenta del error de la frase anterior.) No, no, no… Lo que he querido decir es que yo “no” no he querido saber nada de ti.
CHICA.- Pero, cari, vamos a ver. ¿Tú crees que soy tonta?
CHICO.- ¿Todas estas preguntas las tengo que responder?
CHICA.- Nadie nunca me había llamado tonta como tú lo acabas de hacer.
CHICO.- Yo no te he llamado tonta.
CHICA.- Qué razón siempre ha tenido mi madre. “Esos que son tan callados son los peores”, me dijo. Y tú vas y me lo confirmas.
CHICO.- Yo no he hablado de tu madre para nada.
CHICA.- Es lo que faltaba. Que ahora te metas con mi madre. ¿Qué te hemos hecho?
CHICO.- A mí nada.
CHICA.- Entonces, a qué vienen esos insultos hacia mi madre y hacia mí.
CHICO.- Que de verdad, que no os he insultado.
CHICA.- ¿Y a qué llamas tú a lo que estás haciendo esta tarde?
CHICO.- (Volviéndose a sentar y cogiendo, de nuevo, el libro.) ¿Leer?
CHICA.- ¡¡Qué cínico!! Eres el marido más cínico que he tenido en mi vida.
CHICO.- Y el que más te quiere.
CHICA.- Sí. El que más me quiere amargar la existencia. Con la de pretendientes que he tenido.
CHICO.- (Sonriendo angelicalmente.) Pero al final te casaste conmigo.
CHICA.- ¿Te casaste enamorado?
CHICO.- ¿Nos casamos enamorados?
CHICA.- No me has respondido.
CHICO.- Es que tu pregunta tenía trampa.
CHICA.- Ya estamos con las preguntas trampa, ¿no? Cada vez que tengo una pregunta interesante me sales con lo de las preguntas trampa. ¿Sabes? Creo que eso de las preguntas trampa es una milonga que os habéis inventado los hombres para no contestar.
CHICO.- ¿Tú crees? (Se hace un silencio. Esta pregunta ha sido una pregunta trampa.)
CHICA.- No me líes, cariño. Y no desvíes la conversación.
CHICO.- Tienes razón. ¿Me vas a enseñar algo de lo que te has comprado?
CHICA.- ¿Por qué no me preguntas qué es lo que me he comprado? O sea, te da igual lo que te enseñe. Has dicho “algo”.
CHICO.- He dicho “algo” como podía haber dicho “flores”.
CHICA.- ¿Flores? ¿Cuándo me vas a regalar flores, cari? Nunca me regalas flores; nunca me regalas nada.
CHICO.- (Señalando a las bolsas.) Si ya te lo compras tú todo.
CHICA.- Definitivamente no puedo contigo. Me estresas, cariño. Me estresas.
CHICO.- ¿Yo? Pero si yo no te digo nada.
CHICA.- No has parado desde que he entrado por esa puerta. Y llego a casa y qué me encuentro. A mi marido con ganas de discutir.
CHICO.- No tenía ganas de discutir.
CHICA.- ¿No tenías? O sea, cari, que ahora sí tienes.
CHICO.- Que no, que no. Que no tenía antes y tampoco tengo ahora.
CHICA.- ¿El qué no tienes?
CHICO.- Ganas de discutir.
CHICA.- Entonces para qué me dices que tienes ganas de discutir.
CHICO.- Es que yo no te he dicho que tengo ganas de discutir.
CHICA.- Yo lo he escuchado. ¿Ya vamos a empezar?
CHICO.- ¿A discutir?
CHICA.- Ves como tienes ganas de discutir.
CHICO.- Es que no sé que vamos a empezar.
CHICA.- Algo que llevas intentando desde que he llegado.
CHICO.- Pero es que a ti no te gusta leer.
CHICA.- ¿Y qué tiene que ver la lectura con todo esto?
CHICO.- No lo sé exactamente. Has sido tú la que has sacado el tema.
CHICA.- Pero de qué tema estamos hablando ahora.
CHICO.- Del tema de la lectura.
CHICA.- ¡¡Pero qué lectura!! Si a mí no me gusta leer.
CHICO.- A mí sí. Es lo que he intentado hacer desde que has llegado.
CHICA.- Ah muy bien. Me estás diciendo que desde que he llegado no me has escuchado nada de lo que te he dicho. Tu único interés era el librito.
CHICO.- ¿Tengo que responder también a eso?
CHICA.- ¿También, dices? Si no me respondes a nada.
CHICO.- Sí te respondo. Tú preguntas qué intento hacer desde que he llegado; y yo te he respondido.
CHICA.- Es que esa no era la respuesta.
CHICO.- Pues si tú preguntas y tú te respondes… Vaya discusión más tonta.
CHICA.- ¡¡Ves cómo para ti esto es una discusión!!
CHICO.- Dime. ¿Cuál es la respuesta?
CHICA.- La respuesta a qué.
CHICO.- A la pregunta.
CHICA.- ¿A qué pregunta?
CHICO.- A la que me has hecho.
CHICA.- Cari, cielo, tú sabrás la respuesta. No pretenderás que yo conteste a mi propia pregunta. Ya es el colmo de la vagancia.
CHICO.- Yo pienso que dos no discuten si uno no quiere.
CHICA.- ¿Y tú quieres o no quieres?
CHICO.- Claro que no. Cómo voy a querer discutir contigo. (ELLA sonríe.) Es imposible.
CHICA.- ¿Por mi carácter apacible?
CHICO.- Porque siempre quieres tener la razón.
CHICA.- ¿Cómo dices?
CHICO.- (Dándose cuenta del error al decir eso.) Pero de buen rollo, ¿eh?
CHICA.- Sí. Todo el buen rollo que tú quieras, pero me das la razón como a las tontas. ¿Sabes que en algunos países eso es motivo de divorcio?
CHICO.- ¿El dar la razón o el ser tonta?
CHICA.- ¿Me estás llamando tonta?
CHICO.- No. No. Para nada.
CHICA.- ¿Pero tú te crees que soy tonta? (Se vuelve a hacer un silencio.)
CHICO.- Bueno, cielo, ¿me vas a enseñar “todo” lo que te has comprado?
CHICA.- Me gustaría enseñarte todo lo que me hubiese gustado comprarme.
CHICO.- ¿Es que no te has comprado lo que te gustaría haberte comprado?
CHICA.- He comprado lo que quedaba.
CHICO.- Pero de lo que quedaba habrás comprado lo que te ha gustado, ¿no?
CHICA.- No exactamente.
CHICO.- ¿No exactamente?
CHICA.- No exactamente, cariño. Las cosas son así.
CHICO.- ¿Me estás diciendo que en esas diez bolsas que traes no está “exactamente” lo que querías?
CHICA.- Lo que “exactamente” quería voló los dos primeros días de rebajas.
CHICO.- ¿Ya lo sabías?
CHICA.- Como todos los años.
CHICO.- ¿Y si ya lo sabes para qué vas?
CHICA.- Por si encuentro algo que me guste.
CHICO.- Ah, de acuerdo. Y has encontrado todo eso.
CHICA.- No exactamente.
CHICO.- ¿No exactamente?
CHICA.- Sólo me gustó esta pulserita. (Saca de una de las bolsas una bolsita muy pequeñita, y extrae una pulsera.)
CHICO.- (Mirando agobiado a las bolsas.) ¿Y el resto?
CHICA.- Ay cari, pareces tonto. Cuando compré la pulserita me dije: ¿y qué hago yo con esta pulserita que no me combina con nada? Así que busqué rápidamente unos pendientes a juego. Pero con unos pendientes y una pulserita, cariño, no se sale a la calle. Por lo menos yo no. Hace falta algo más. Y de repente se me presenta ante mí una blusa ideal; de ésas que la hacen a una más guapa de lo que es. Y ya te imaginas, la blusa necesitaba unos pantalones crema preciosos. Y justo en el expositor de los pantalones había un cinturón marrón precioso. Imagínate, cariño, me llamó enseguida la atención; y claro, a mi me llaman y yo voy. Así que de repente me vi con una pulsera, unos pendientes, una blusa, unos pantalones y un cinturón. ¿Crees que hace falta algo más? (El MARIDO se encoge de hombros cariacontecido.) Claro que sí, cari. Claro que sí. Ese cinturón marrón estaba llamando a gritos unos zapatos marrones. Así que me dirigí a una zapatería en busca de unos zapatos marrones. ¿Y qué crees que hice en la zapatería?
CHICO.- ¿Comprar unos zapatos marrones?
CHICA.- Sí. Me compré unos zapatos marrones cerrados con cordón; con un taconazo que te mueres. Pero pensé que tenía que darle una mayor variedad a la combinación de zapatos. Así que me compré unos abiertos del mismo tono; una botas color café y uno botines. Y al salir de la zapatería me vino un flash. ¡¡Ay cariño!! Que se me había olvidado comprarme la chaqueta de los pantalones; así que corrí y corrí hasta llegar a la tienda. Y no encontraba la dichosa chaqueta. Así que pensé en devolverlo todo.
CHICO.- (Alucinando.) ¿Por una chaqueta?
CHICA.- Pero de repente colgada en una percha con un montón de chaquetas negras o azules, o azules y negras. Es que nunca sé si son azules o negras. Que yo no sé por qué a ese azul tan negro le llaman marino; si el mar no tiene ese color. En fin, para no hacerte larga la película; cogí la chaqueta marrón de entre todas las negras. O azules. Pero cuando estaba en caja para pagar se me pasó por la cabeza que también lo podría combinar con un chaleco. Así que, cari, me traje también el chaleco.
CHICO.- (Alucinado.) Por una pulserita…
CHICA.- Y ya venía para casa cuando al salir de la tienda me vino un aire frío; de esos helados que ha hecho estas navidades. Y me dije, Inma, tienes que comprarte un abrigo bueno. Y he encontrado uno buenísimo, de piel de asno andino.
CHICO.- (Sin salir de su asombro.) ¿A que es marrón?
CHICA.- ¿El asno?
CHICO.- El abrigo.
CHICA.- ¿Cómo lo has sabido? (El CHICO pone cara de circunstancias.) Y ya puesta me miré y me dije que cómo iban a desentonar unos guantes negros con tanto marrón; así que fui a una peletería y me compré unos guantes de piel.
CHICO.- Marrones.
CHICA.- Sí, claro. Marrones. ¿De qué color si no? Y luego pensé que necesitaba el complemento de los complementos. Un bolso.
CHICO.- No te ibas a comprar nada y te has traído todo eso.
CHICA.- Pero todo necesario, cariño.
CHICO.- El drama vendrá si se pierde la pulserita. Lo tendrás que devolver todo.
CHICA.- (Mientras ordena las bolsas.) Por cierto, cari, no encontré mi tarjeta y he usado la tuya.
CHICO.- (Sorprendido.) ¡¡Cómo!!
CHICA.- Pero no te preocupes, cielo. He vuelto en autobús para no hacer mucho gasto.
El CHICO se levanta y hace mutis hacia uno de los laterales. Desapareciendo de la escena. Desde la escena se le escucha pegar gritos para desahogarse. Al poco tiempo vuelve a aparecer por el mismo lateral que salió. Aparece con cara relajada; se siente y coge el libro. Y ante la mirada asombrada de su mujer le pregunta.
CHICO.- ¿Has encontrado lo que querías?

TELÓN

03 mayo 2013

Todas las cosas se piden por favor

Fernando Mesta nos envió una serie de Obras de Teatro cortas que iremos publicando con el correr de los días, hoy les dejo una de ellas titulada "Todas las cosas se piden por favor" para que la lean, comenten y critiquen, como siempre les decimos podemos entre todos y con respeto dar nuestra opinión sobre las obras publicadas.



Titulo: Todas las cosas se piden por favor
Autor: Fernando Mesta


NARRADOR.- La primera causa de conflictos en la escuela y en el patio es “que cogemos las cosas de nuestros compañeros sin pedírselas, y, claro, el otro niño se enfada y nos peleamos”
DIRECTOR.- Vamos a realizar una escena que consiste en que un niño está jugando tranquilamente y llega otro niño y quiere jugar con el juguete que tiene él. Que vengan los actores.
(Aparecen en el escenario los dos niños actores, uno de ellos trae un juguete)
DIRECTOR. - ¿Sois vosotros los actores?
ACTORES.- Sí.
DIRECTOR.- ¿Sabéis lo que tenéis que hacer?
ACTORES.- Sí.
DIRECTOR.- Pues entonces; acción. (Salen los dos niños del escenario).
(Ahora aparece en el escenario un niño que presenta la escena).
INICIADOR.- ¿Cómo se pide un juguete? Toma primera.
CÁMARA.- Estamos grabando.
PERIODISTA.- A continuación vamos a enseñaros como debéis comportaros cuando queráis algún juguete que tenga otro niño. No debéis quitárselo, debéis pedírselo. Todas las cosas se piden por favor. Vamos a mostraros un ejemplo.
(Aparece en el escenario un niño con un juguete. Se sienta en el centro y comienza a jugar con él. A continuación llega otro niño y sin decirle nada le quita el juguete).
NIÑO A.- Es mío.
NIÑO B.- No es mío.
(El niño A se siente ofendido y reacciona violentamente pegándole al otro y recuperando su juguete a la fuerza)
DIRECTOR.- Corten, corten.
JUEZ.- Fatal, lo habéis hecho los dos muy mal. Así no arregláis nada. El primero no puede quitarle nada al otro por la fuerza, tiene que pedírselo y el segundo no debe responder con la violencia. ¿Lo habéis entendido?
NIÑOS.- Sí.
DIRECTOR.- Muy bien. Ahora vamos a repetir otra vez lo mismo para ver si os sale mejor. (Se salen del escenario los dos niños) Repetimos. Acción.
INICIADOR.- ¿Cómo se pide un juguete? Toma segunda.
CÁMARA.- Estamos grabando.
PERIODISTA.- A continuación vamos a enseñaros como se pide un juguete que tenga otro niño. No debéis quitárselo. Debéis pedírselo. Las cosas se piden por favor. Vamos a mostraros un ejemplo.
(Se repite la escena I. Aparece el primer niño con un juguete, se sienta en el centro del escenario, viene el segundo niño, hace como que piensa lo que le va a decir, “Me, me…”, no dice nada más y le arrebata el juguete, pero ahora el niño B agredido reacciona llorando y pataleando aparatosamente.)
DIRECTOR.- Corten, corten. Esto es increíble. (Dirigiéndose a los actores) ¿Pero no sabíais lo que teníais que hacer?
ACTORES.- Si.
JUEZ.- ¡Mal, muy mal! Los dos lo habéis hecho mal. El primero no puede quitarle nada al otro y el segundo no debe frustrarse porque otro le quite algo, debe aprender a defender sus derechos. Debéis repetir la escena hasta que os salga bien.
DIRECTOR.- Vamos a repetir la escena. Colocaros en posición.
(Los actores salen del escenario y aparece el presentador)
INICIADOR.- ¿Cómo se pide un juguete? Toma tercera.
DIRECTOR.- Acción.
CÁMARA.- Estamos grabando.
PERIODISTA.- A continuación vamos a enseñaros como se pide un juguete. Cuando queráis un juguete que tenga otro niño no se lo quitéis, debéis pedírselo. Todas las cosas se piden por favor. Os mostramos un ejemplo.
(Se repite la escena I pero ahora el niño A se acerca al niño B y le pide el juguete con relativa corrección).
NIÑO A.- ¿Me dejas el balón? (Se lo dice con tono enfadado)
NIÑO B.- (Lo mira, pone cara de enfado y contesta) No.
NIÑO A.- Tienes que decir que si.
NIÑO B.- Pues no.
NIÑO A.- Eres un tonto.
NIÑO B.- Y tú más. (Hacen como si se pelearan)
DIRECTOR.- Alto, corten, corten. Así no se puede trabajar. Yo voy a dimitir. (Tira los papeles por lo alto)
JUEZ.- Tiene razón el señor director. Fulanito, lo has hecho muy mal, cuando pidas una cosa lo tienes que pedir con amabilidad, porque sino el otro se enfada y no te lo da. ¿Te has enterado?
NIÑO A.- Si.
DIRECTOR.- Pues venga, a vuestros puestos que vamos a repetirlo otra vez.
(Salen del escenario los actores, entra el presentador)
INICIADOR.- (Con coraje y fuerte) ¿Cómo se pide un juguete? Toma cuarta.
DIRECTOR.- Acción.
CÁMARA.- Estamos grabando.
PERIODISTA.- A continuación vamos a enseñaros como se pide un juguete. Cuando queráis un juguete que tenga otro niño, no se lo quitéis, debéis pedírselo. Todas las cosas se piden por favor. Os mostramos un ejemplo.
(Vuelve a salir el primer niño con su juguete, se sienta en el centro, sale el segundo niño, se acerca, se lo piensa y dice)
NIÑO A.- ¿Me dejas tu juguete? (Ahora se lo dice correctamente).
(El juez desde su sitio le hace señas de que diga que si, el niño B mira al juez, pone cara de enfado y contesta)
NIÑO B.- ¿Y tú qué me dejas a mí?
NIÑO A.- Nada, yo no tengo juguetes.
NIÑO B.- Pues entonces no te lo dejo.
NIÑO A.- Pues me lo tienes que dejar.
NIÑO B.- Pues no quiero. (Comienzan a pelearse)
DIRECTOR.- Corten, corten, ¡ah, ah, ah! ¡Me voy a volver loco¡ (Se come los papeles) ¡Ah, ah, ah!
JUEZ.- Muy mal, muy mal. Si te lo ha pedido con amabilidad. ¿Por qué no se lo dejas?
NIÑO B.- Porque luego ya no puedo jugar yo.
DIRECTOR.- Traed un juguete para que se lo pueda cambiar por el otro. Venga volvemos a grabar. Todo el mundo a sus puestos. Acción.
INICIADOR.- ¿Cómo se pide un juguete? Toma quinta.
CÁMARA.- Estamos grabando.
PERIODISTA.- A continuación vamos a enseñaros como se pide un juguete. Cuando queráis un juguete que tenga otro niño no se lo quitéis, debéis pedírselo. Todas las cosas se piden por favor. Os mostramos un ejemplo.
(Vuelve a salir el primer niño con su juguete, se sienta en el centro, se dispone a jugar. Llega el segundo niño, se coloca a su lado y le dice)
NIÑO A.- ¿Me dejas tu juguete, por favor?
NIÑO B.- Sí. ¿Quieres que juguemos los dos?
(Se dan un abrazo los dos niños y termina la escena)

(Para terminar, se cogen todos los niños de la mano formando un semicírculo abierto hacia el público, la maestra se coloca en el centro y cantan todos)

CANCIÓN

MAESTRA.- Veo, veo
TODOS.- ¿Qué ves?
MAESTRA.- Un juguete
TODOS.- ¡Qué bonito es!
MAESTRA.- Ahora, lo tengo yo.
TODOS.- ¡Míralo, míralo, míralo!
MAESTRA.- Yo pregunto.
TODOS.- ¿Qué pregunta es?
MAESTRA.- ¿Este juguete de quién es?
TODOS.- ¿De quién es, de quién es, de quién es?
MAESTRA.- ¿Es mío?
TODOS.- No señor.
MAESTRA.- ¿Es tuyo?
TODOS.- Tampoco
MAESTRA.- Entonces, ¿de quién es?
TODOS.- ¿De quién es, de quien es, de quién es?
MAESTRA.- Es de todos.
TODOS.- Sí señor.
MAESTRA.- Es de todos.
TODOS.- Sí señor, sí señor, sí señor.
MAESTRA. - ¿Y el cariño, y el amor? ¿Quién lo tiene? ¿Quién lo quiere? ¿De quién es el cariño y el amor?
TODOS. – Es de todos, todos lo queremos y también todos lo damos.
(Se abrazan todos y abrazan a la maestra que es rodeada por todos los niños)

29 abril 2013

De campamento

La siguiente obra de teatro corta fue escrita por Alan Rejón (leer biografía) quien también ha escrito los guiones "Mario y Marta quieren robar" y "Vampiros pasados de moda". Esperamos que la obra sea de tu agrado.


Título: De campamento 
Autor: Alan Rejón

Personajes
Narrador 
Diego 
Hector 
Víctor

Narrador: Diego, Héctor y Víctor son tres niños que en sus vacaciones decidieron irse de campamento con los scouts a un rancho cerca de su ciudad, durante el día se divirtieron y bañaron en la playa pero en la noche el miedo los inundo cuando oyeron que algo rondaba su casa de campaña. 

(Los niños duermen, de repente se escucha que algo pasa corriendo, Héctor se levanta de golpe) 

Héctor: ¡Víctor! ¡Víctor! 
Víctor (Despertándose): ¿Qué quieres? No grites o vas a levantar a Diego y ya sabes cómo se enoja cuando lo despiertan. 
Héctor: ¿Escuchaste eso? Creo que hay algo afuera. 
Víctor: No es nada, seguramente sólo es el viento. 

(Víctor comienza a acomodarse de nuevo para dormir cuando se escucha de nuevo el mismo ruido, al escucharlo el niño se sienta de golpe) 

Héctor: ¿Lo escuchaste? ¿Lo escuchaste? 
Víctor: ¡Sí! ¿Qué fue eso? 
Héctor: ¡No lo sé, por eso te desperté! 

(El ruido se repite ambos gritan y despiertan a Diego) 

Diego (Molesto): ¡Aaah! ¿Por qué gritan? 
Víctor: Es que escuchamos algo afuera. 
Héctor: ¿Y si es un oso? 
Diego: ¡Estamos en un rancho! No hay osos, en los ranchos. 
Víctor: ¿Y si es un monstruo que ya se comió a los otros niños y ahora viene por nosotros? 
Diego: ¡Los monstruos sólo viven debajo de las camas! 
Héctor: ¿Y si es un tipo de monstruo diferente? 

(El ruido se escucha de nuevo y más cerca, los niños gritan) 

Víctor: ¡Te lo dije! Hay algo ahí afuera. 
Diego: Sí, pero no creo que sea un monstruo. 

(Diego se acerca hacia la puerta de la casa de campaña) 

Víctor y Héctor: ¡No! ¡No hablas! 
Diego: No es nada, estoy seguro. 

(El ruido se escucha de nuevo, Diego abre la puerta y sale de escena) 

Diego: ¡Aaaah! 
Víctor: ¿Qué paso? ¿Qué paso? 
Héctor: ¿Estás bien? 

(Diego grita de nuevo y enseguida se escucha como el niño ríe, entonces regresa a escena con un perro entre los brazos) 

Diego: Esto es lo que los estaba asustando, estaba buscando comida entre las mochilas. 
Narrador: Y así los niños pudieron dormir esa noche sabiendo que se encontraban a salvo de los monstruos, los osos y otras criaturas de la noche que sólo habitan en su imaginación. 
Fin